Putas inseguridades… por Acantha

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Te devora.

La inseguridad.

Crece con los años.

La muy hija de puta.
Crece, al mismo ritmo que tu fuerza para reponerte de los golpes.

 

Es curioso este fenómeno de la naturaleza femenina:

eres cada vez más capaz de afrontar los palos,

te recuperas asombrosa y rápidamente de las decepciones

         (tal vez porque has hecho callo, tal vez porque te las esperas

         antes, mucho antes de que ocurran)

Te recuperas, digo, de las hostias del amor pero,

sin saber por qué, el tiempo y el tío pasan

y llega otro,

y vuelves a sentir de nuevo,

a sufrir ESO.

vuelves a mirar la pantalla del tonto móvil

y vuelves a sonreír, idiota tú, aunque afuera llueva.

 

Vuelves sí,

a caer en la absurda química de los amores incipientes

y aunque sabes lo que es,

aunque sabes lo que viene

padeces, masticas el momento casi como si fuera el primero.

 

Y te desesperas

porque ahí llega la inseguridad, hija de puta.

Para revolverte las jodidas entrañas

y enredártelas de dudas.

Para devorarte

porque el tiempo te ha hecho fuerte para el post

pero infantil, absurda y miedica en el pre.

 

ACANTHA

Tengo mi muro de Facebook lleno de tus putos selfies

En serio… no quería ser desagradable, pero… ¿de verdad?

Captura de pantalla 2015-03-11 a las 13.27.52¿Es necesario que me enseñes el grano que te ha salido en la frente? ¿Tengo que soportar que me cuentes que hoy no irás a la playa porque “estás en esos días plof”? ¿Es crucial que me expliques qué película vas a ver (sola) tomándote un gin tonic (sola) en tu sofá un sábado por la noche? ¿De verdad quieres contarme con tu runtastic ese que has corrido 5 km en una hora (que vaya puta mierda)? ¿Es de vital importancia para mi que me enseñes el dedito gordo de tu feo pie porque te lo has atropellado (so gilipollas) con el carrito de la compra? ¿Tengo que soportar esos mensajes velados en plan “lo que se siembra se recoge”, “las personas malas no reirán las últimas”, sacados de una mala versión de copias de tazas molonas o de un libro de Proverbios Chinos comprado en la Feria del libro? En serio… ¿Por qué das el coñazo todo el puto día con fotos de tus sobrinos que son extensión de los hijos que nunca tendrás, so pedazo de plasta? ¿Por qué cojones tengo que verte desayunando? ¿O ver lo rica que te ha salido la paella gigante que te comerás tú sola? ¿O la pizza casera de tofu, soja y mierdas del herbolario? ¿Por qué me atizas cada noche deseándome felices sueños con un selfie en el te crees mona y en el que sueles salir con un ojo metido para adentro, por cierto, a ver si ensayas las miradas a la cámara delantera? ¿Por qué? ¿Eh? ¿Por qué has decidido convertir mi muro, mi TL y mi puta vida en una película a lo Boyhood pero de la tuya?

IRMANA

Aquel cinturón de castidad… por la SEÑOPORK

imagesCAANKRQYExistió sí, un cinturón para que las mujeres no tuvieran posibilidad de engañar a sus maridos. Así, como os lo cuento. Mirad, el cinturón fue inventado en la Edad Media, traído a Italia desde Oriente. De ahí se extendió a toda Europa, sobre todo durante el Renacimiento, y al resto del mundo.

Era era conocido con el nombre de “cinturón de Venus” o “cinturón florentino”. Se trataba de un instrumento de uso exclusivo para señoras, una pieza de metal encargada de cubrir la “caja fuerte”. Tenía un pequeño orificio, supongo yo que para dejar salir el pipí, y se amarraba a la cintura con correas de cuero. Como si de otra de sus muchas propiedades se tratase, el caballero esposo se servía de estos aparatitos para cerrar con llave el tesoro de su señora cuando tenía que partir de viaje. Sigue leyendo

Barbie no es perfecta, ella también hizo petting, por TINA

No puedo evitar escuchar las conversaciones del metro. Me encanta. Me embobo y soy capaz de pasarme de estación sólo por saber cómo termina una historia. Mis favoritas, sin duda, son las de las adolescentes/universitarias/emocionalmente inexpertas. Cómo me gusta su punto de vista y sus comentarios.

Admiro ese punto de inocencia pervertida, de timidez hormonada y de lujuria inmadura. No tienen ni idea, disfrutan de una ignorancia relativa que las llena de encanto y atrevimiento. Y aunque los que les duplicamos la edad insistimos en que la juventud ya no es lo que era, que nosotras a los 15 mirábamos las Barbies de reojo, su naturaleza no ha cambiado tanto. Se han adaptado a los tiempos, a las Redes Sociales, a la caja tonta y a que su felicidad sea directamente proporcional al número de rayitas de cobertura de su móvil.  Sigue leyendo

El orgasmo de ir de compras…

 

Una ilustración de Sonia Mochón

Una ilustración de Sonia Mochón

Comprar. Obtener algo con dinero, dice la Rae.

Y una mierda.

Esa definición se queda taaaan corta. Los hombres no nos entienden, y yo a ellos sí. Porque irte de compras tú sola, y que te cunda, podría parecerse a ver un partido de fútbol del güeno con los colegas, y que gane tu equipo, claro. Yo tengo la suerte de hacer las dos cosas. Pero me quedo con las compras. Os lo digo porque el otro día andaba yo con la tarde tontorrona, ni regla ni na, sólo que no tenía yo buena sintonía momentánea con el mundo… del trabajo a casa, de la casa al trabajo, como el anuncio de la DGT. Que de pronto me dije: “Me voy al Primark”.

En diez minutos me había plantao allí dentro. Y mira que como digo, tenía yo el día tonto, mira que no estaba pa na, pero de pronto, oye, que te entra una fuerza súbita, la adrenalina de las compras, que no hay montón de ropa revuelta que se te resista. Si viniera con alguna amiga igual me diría “ay, qué pereza, todo amontonado, ¿no?”. Pero cuando vas  tú sola de compras de pronto lo tienes claro y empieza el show. Te paras en la primera montaña de camisetas básicas, de las que te vienen bien con todo… pal vaquero, dices… tienes 56 camisetas así en casa pero da igual, te llevas la S, la M y la L pa los probadores por si acaso… lo que haces es coger varios colores pa ver si te dan buen color de cara… y sigues… los pitillos están taaaan baratos. Bah estos nunca sobran… pero claro, los hay slim, strech, jean large, extra slim, total que te coges uno de cada por si ya que estás… luego vas a los vestidos… ¡13 pavos! Por favor, hoy en día si alguien no se viste es porque no quiere (frase mítica)… te coges como cuatro o cinco, porque aunque a simple vista son un poco monjiles, el Primark tiene un punto vintage que al final cuela: este con un cinturoncito, este lo corto un poco…

Las prendas empiezan a amontonarse en tu antebrazo, las perchas, que las carga el diablo, empiezan a enredarse entre sí, pero no importa, tienes el día bueno, lo sabes… en el camino a las bragas te has hecho con una bolsa de esas en las que cabe media tienda, y de hecho, has echado un par de zapatillas, dos pañuelos, un bolso amarillo chillón y fugsia que ya verás pa qué lo usas, pero que es mu mono, total, por seis euros que vale… y vas, decía, a las bragas y entonces el subidón ya es total, porque están a un euro cada braga o a lo sumo dos, y aunque sepas que te duran dos lavados, no sabes por qué pero quieres, estás obligada, necesitas comprar siete u ocho, y justo al lado te pillas un pijamita, que siempre viene bien, aunque ojo, porque ahora que recuerdo las tallas M de pijamas del Primark parecen fundas de almohadas, así que me pillo una XXS, la única XXS de toda mi vida… a lo que voy, la sangre se me empieza a agolpar en los dedos porque hay un par de perchas que me han dejado aprisionados el índice y el anular, pero no pasa nada, ahora no me voy a achantar, porque ya estoy llegando a los probadores, no sin antes hacerme con dos pares de manoletinas que andaban desparramadas por el suelo, que menos mal que eran de mi talla y que como me han gustado y valen cinco euros, pues nada, que para dentro de la bolsa que van, ¿que cómo las he podido coger? ¿Con qué mano? Pues muy fácil, con los dedos del pie haciendo pellizco cual mono mientras hago equilibrio a la pata coja.

Así que llego por fin a los probadores, y la muchacha me dice algo que ya sé pero que siempre me hago la sorprendida… ¿¿sólo seis prendas?? Y monto el pollo por si cuela, pero nada, aunque a mi no me importa, estoy de compras, estoy de subidón, y soporto (que para eso he venido de compras) cualquier cola, cualquier gangrena en los dedos, cualquier desvestida y vestida 18 veces, cualquier show de esto sí, esto…. no, espera, esta creo que sí, pero tiene un descosido, así que a ver si hay otra, ¿que la tienen en el almacén de dentro? Bueno, espero, pero no tardes, me voy a dar una vueltecilla por la zona de la ropa interior (mientras cojo más bragas). Y luego me dirijo a la cola, aunque antes al pasar por las cosas de bisutería no sé por qué ni para qué pero me llevo un pack de diez pares de pendientes todos iguales aunque de diferente tamaño, a un euro y medio, ¿cada uno? Noooo, todos… a todo esto, me asomo a la zona de cajas y me doy cuenta de una verdad reveladora y feroz… la cola da la vuelta a la tienda casi. Pero ya no hay nada que hacer, estoy de subidón y eso no me lo quita nadie… así que con la bolsa gris que se te clava en la parte delantera del codo, las perchas enredadas en mi bolso, en mi pañuelo y en la madre que me parió, con mi chaqueta encima del hombro porque ya no sé dónde metérmela, así y todo saco el móvil para entretenerme en la cola, porque a Dios pongo por testigo que yo me voy de allí cargada de bolsas, aunque espere más de media hora. Y entonces, no tiene otra cosa la vida moderna que inventar el smartphone, que necesita tus dos manos, no una, sino dos, para whatsappear a tus amigas lo que estás a punto de comprarte. Máaaas mono… y sigues escuchando eso de Caja 4… Caja 8… y ya te toca, y menos mal, porque te duelen los pies, las manos, los dedos, las perchas, pero no importa porque empiezas a caer en la cuenta de que has dejado atrás las montañas de ropa, la búsqueda de tu talla ideal para vaqueros, zapatos, pijamas, bragas, camisetas y vestidos, tallas que nunca son la misma en el Primark hostiaputa, has podido con las dependientas hostiles que te cuentan las prendas una a una (seis joder, ¿¿no te das cuenta de que siempre llevo seis??, has podido con la espera en la cola y sobre todo a la tentación de coger cinco pares de calcetines, has vencido a la zorra que se quiere colar, y soportado al niño de los huevos que te ha pisado la bolsa gris lo menos tres veces, eres supersónica, eres lo más, tienes el subidón, la adrenalina de la guerra, del peligro, de la emoción, te has repuesto de la desilusión porque no entraste en una 36 que parecía anchita, del olor a pies del probador, de la llamada de tu madre mientras sacabas una pierna del vaquero slim extra strech, (las madres, siempre llaman en el momento más inoportuno… ¿tienen una mirilla o qué?). Y por fin… “ponga aquí la bolsa”.

Lo has conseguido. Ya estás en la puerta. Le das la espalda a los montones de ropa del Primark y miras a tu alrededor. Llevas dos bolsas gigantes color marrón. Llenitas. Apenas te has gastado 50 euros y ya tienes para vestirte toda la temporada. Estás cansada, como si acabases de echar un polvo. Al fin y al cabo, es el orgasmo de las compras. Te sientes feliz, dichosa, ya ni te acuerdas de por qué tenías el día plof. Estás exultante. Tus amigas ya saben que lo estás y alguna te ha puesto ese reconfortante “zorra, qué guay que te has ido de compras, cómprame algo, so puta”. Y encima aún queda lo mejor, que es llegar a casa y volver a probártelo todo.

Claro que ahora sólo queda encontrar el jodido coche en el parking…

IRMANA MOORER