La chorboagenda de Nochevieja…

Hay una extraña fuerza de la naturaleza que se produce en la tarde de fin de año, la de hacer repaso de la chorboagenda. Entre cortar jamón, poner todas las gambas pal mismo lado, sacar las copas que no se usan nunca y que hay que enjuagar porque tienen bichitos de la humedad… mientras pelas las uvas de 20 familiares, al tiempo que piensas en cuál de tus cinco vestidos negros te pones, mientras ocurre todo esto, no sé cómo haces pero te da tiempo a agarrar un rato el móvil y hacer un repaso de todas esas personas (del otro sexo) con las que ya no tienes contacto pero que de pronto relucen entre los centenares de números de tu agenda. Ya está, es nochevieja, tienes la excusa perfecta para escribir. Y sobre todo, para que te escriban…

Está el exnovio más reciente. Es lo propio. Se escribe “Te deseo lo mejor para este año que entra, blabla”, se mandan saludos cordiales a sus padres y adiós. El año que viene, no le escribo.

Está el follamigo último. Sigue leyendo

Asignaturas pendientes…

Sonaba “Every breath you take” la primera vez que cruzaron sus miradas, y durante algunos años que ahora con la perspectiva del tiempo parecen haber pasado demasiado deprisa, se vieron de lunes a viernes durante ocho horas cada día. Hasta que las letras y las ciencias les llevaron por diferentes caminos.

http://www.youtube.com/watch?v=OMOGaugKpzs

Volvieron a encontrarse un par de años después, y ya entonces tuvo la sensación de que todo había cambiado demasiado: ahora tenían diferentes amigos, no se veían a diario, no se encontraban los fines de semana…dependían del azar. Él se alegraba de verla. Ella le miraba entre divertida y burlona mientras pensaba que lo que no fue entonces, ya no podría ser ahora. Entre ellos, la novia de él.

Poco podía imaginarse que aquella sensación se quedaría sólo en eso, en una sensación, porque al término de la noche sellaron su amistad con un beso.

Luego sus vidas volvieron a recorrer caminos opuestos. A veces se encontraron en algún bar y se saludaron. Otras, las que más, simplemente le vio de lejos, acompañado cada vez de una mujer diferente.

El tiempo siguió transcurriendo… y un día tropezaron en una esquina de un céntrico lugar. Ella esquivó el choque, y atraída por la mirada del pequeño, tardó en darse cuenta de que era él quien empujaba el cochecito para bebés. Para entonces ya habían doblado la esquina y continuaron sus caminos sin verse. Pensó en lo lejos que quedaba ya la época en que uno podía cambiar de rumbo sobre la marcha sin tener que dar cuentas de nada ni a nadie. Y volvió a tener aquella sensación, que lo que no fue entonces ya no podría ser ahora. Entre ellos, una esposa y un bebé.

Volvieron a encontrarse hace un año, en la clásica reunión de amigos en la que la exaltación de la amistad toma forma tras la primera cerveza y se celebra y se lamenta por igual el tiempo transcurrido, las experiencias compartidas, los cambios vividos…

No esperaba coincidir con él en aquella fiesta. Sería absurdo decir que saltaron chispas. Sería mentira contar que el mundo se paró y sólo estaban ellos. Sería exagerado referir que no se quitaron la vista de encima… Ella volvió a tener la sensación de que todo había cambiado demasiado… 

No se hablaron. No se siguieron con la mirada. No se encontraron. Pero cuando al final la noche les dejó solos, él se acercó a ella:

– Soy el único que no te ha abrazado esta noche, el único que no te ha dicho lo estupenda que estás, el único que no te ha cogido de la cintura para hacerse una foto contigo… ¿No te ha extrañado?

Ella le miró entre divertida y burlona… y volvieron a sellar su amistad con un beso. Las cosas no habían cambiado en absoluto: entre ellos, una asignatura pendiente, y de fondo los acordes de “Every breath you take”.

NUSKITA