Benditas cenas navideñas… por MAYE

Aquí estoy. He vuelto. Siento si me habéis echado de menos, pero es que no tenía nada que aportar. La velocidad de Irmana para quitarme los temas para escribir en el blog es devastadora como un tsunami. Pero esta vez me adelanto y si Irmana quiere hablar del mismo tema que yo, su post tendrá un tono más porno, seguro. 

Vuelvo con las cenas de empresa, “¡pero si ya no hay fechas libres para quedar!” “¡si voy a todas las cenas que me proponen necesito al menos el sueldo de un eurodiputado!” A ver, la cena de empresa, la de las madres del cole, la de las madres del fútbol, las de pilates, la de tus amigas del pueblo, la de tus amigas de la facul, las de las vecinas de la urbanización con las que coincides en verano en la piscina… Total que para cuadrar fechas habría que empezar en septiembre. 

Da igual, sobredosis de cenas y sobredosis de morros con tu marido que no entiende esa manía tuya de no perderte ninguna convocatoria. “Para una vez que las veo”, dices tú poniéndole ojitos, mientras te pintas el morro y te guardas 50 euros en ese bolsillo pequeño del vaquero en el que sólo cabe un dedo, por si necesitas coger un taxi de vuelta. Sí, porque acabarás volviendo en taxi, con los zapatos en la mano y con medio kilo menos de lentejuelas en tu camiseta.

Pero merecen la pena. Todas y cada una de las convocatorias. Porque te ríes, porque bailas como cuando tenías 18 años, porque pierdes el sentido del ridículo, porque recuerdas cómo sabe un gin-tonic, porque le das una calada a un cigarro aunque haga tres años que no fumas, porque ves que en las otras doscientas cenas paralelas que te rodean las hay que están peor que vosotras, porque recuerdas que los maridos de tus amigas son como el tuyo y los hijos, también (mal de muchos consuelo de tontos). Así que las cenas navideñas no deberían dejar de celebrarse nunca.

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Y, sobre todo, las reuniones son excelentes cuando tras esta conversación que os cuento literal, las carcajadas no dejan de oírse en la otra cara del mundo.

– “El otro día dijo un médico en la tele que si la mujer no practica sexo (venía a cuento por un asunto de viudedad temprana) pues que llega un momento que no lo echa de menos”, dice una.

– “Joder, pues claro, que no nos pasa nada si no echas un polvo en un mes o en dos”, responde otra.

– “Oye espera que te grabo pa que lo oiga mi propio”, digo yo.

Y la explosión de carcajadas es equiparable al momento de comunión que nos une otro año más.

Y al final de la noche prometemos quedar más a menudo, pero da igual si no volvernos a vernos hasta el año que viene. Nuestra conexión está hecha a prueba de bombas.

Por las amigas y esos escasos pero maravillosos encuentros.

MAJELU