Consejos para sobrevivir a la cena de empresa en Navidad…

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Este post va dirijido a las mujeres solteras que se enfrentan esta semana a la cena de Navidad. Aquí van unos consejillos si quieres salir viva de una de ellas sin que te tachen de zorra por quedarte a desayunar con tres tíos, sin que pierdas tu dignidad y las lentillas por los suelos de la última discoteca, sin que te tengas que llevar a casa a un tipo que no te gustaba un mojón pero que te ha enredao, en definitiva, sobrevivir a la cena de empresa.

Y me dirijo a las solteras porque son más suceptibles que las casadas de tener que soportar los acosos, embistes, susurreos, cojiditas de cintura, cebolleteos… las casadas a priori tienen un plus de respeto por parte de sus compañeros: primero lo intentarán con las mujeres “libres” y a eso de las 3 de la mañana, si no han conseguido nada, pasarán al plan C de Casadas.

En fin a lo que voy.

Te sitúo: eres una de las pocas mujeres solteras de la fiesta. Uno de los centros de la diana. Las conversaciones importantes tienes que sacarlas cuando sólo ha habido cervezas y vino (soltar un tirito de subida de sueldo al jefe, mejora de tu puesto, cambio de despacho, etc), porque luego ese que hace que te oye al principio, pasará a la coquetería y no te escuchará jamás.

No pases más de media hora hablando con el mismo tío. A los diez minutos, los/as feos/as, envidiosos o aburridos de la fiesta empezarán a soltarse codazos “Ehh, mira esos dos”… Al cuarto de hora, se sumarán las secretarias gordas al cotilleo y a la media hora estarás perdida: todo el mundo creerá que os vais a ir juntos.

No invites a copas, jamás. Los hombres lo tomarán como una señal de interés, será como darle boleto, como si dijeras yo te invito, luego tú a mi y luego a la cama. Que paguen ellos, joder. Tú sujeta fuerte tu cartera negra bajo la axila y sonríe, sonríe mucho: “Sí, sí, la ginebra que sea con limón, y con bolitas de esas negras que le echan ahora”. Y punto. Sé cortés mientras él paga, da dos sorbos y vete al baño para no volver a hablar con éste, porque si te quedas creerá que ya te ha comprado con su copa de 10 pavos.

No saques el móvil para apuntar nada, ni para enseñar fotos de tus sobrinos ni el último chiste navideño del gato ese de los cojones. Lo mismo: todos dirán que le estás dando el número a ese tipo y entonces el juego terminará.

Si te haces fotos, que sean siempre tres, no te las hagas con un tío sola, que son mu fantasmas y a saber qué paja mental se montan al día siguiente. El drop box te convertirá en una zorra calentona ipso facto.

Cuando empieces a notarte chisposa céntrate en qué coño quieres hacer, si con ese, con el otro, con el de la otra fiesta o con ninguno. Lo tienes que tener claro, porque empieza la hora del calentón y corres el riesgo de elegir mal.

Es hora de una visita al baño con las demás y que hagáis recuento: ¿quién te ha entrado a tí? ¿Sabes que no sé quién se ha separado? ¿Y Laura, dónde está? Desapareció hace una hora, exactamente a la misma vez que Antonio…

Total, volverás a salir a la jungla, verás más huecos en la disco que antes. Los más puretas y responsables, los más golfos y rapiditos se habrán pirado ya a dormir solos o acompañados.

A partir de ahí ojo porque a priori parece que los diez que quedáis habéis formado un grupo en plan scout “lo que pase aquí, aquí se queda”, pero es mentira… siempre hay alguno o alguna que se irá de la lengua, pero como vais de copas hasta el culo, os lo creéis todo. Así que no. Tranquilidad. Sé sutil, sé inteligente, sé lista. Si te vas con alguien, hazte la borracha “uff me voy a casa, he vomitao en el baño” (no sé por qué pero queda mejor en esta sociedad irte de la fiesta borracha que con alguien a follártelo)

Si te quedas se acabaron las conversaciones melosas, se acabó eso de que te toquen la cinturita (coño, con la rabia que me da), se acabaron las conversaciones normales, porque hablaréis de tríos, meterla por el culo, de squirtings y bukakes.

Vale, cerraréis la discoteca cuatro tíos y tú. Te preguntarán dónde vives, si te acompañan, cómo vas a ir sola, yo voy para allá… y tú agarrarás fuerte tu bolso y tu abrigo, no sin antes buscar tu rebeca, que se te ha perdido, joder, siempre igual, menos mal que valen 12 pavos en Blanco, y si aún tienes fuerzas para dar un golpe de autoridad, mirarás tu móvil que sujetas en la mano, sonreirás pícaramente y dirás: “gracias, chicos, pero es que…” Y se acabó el cuento. Que piensen lo que quieran.

IRMANA MOORER

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