¿Eres de esas parejas ya que no follan?

El otro día me dijo una amiga que vive con su chico, que hace dos años que no folla. Tienen 30 y pocos. (Incluid aquí caradeiconosorprendido porque no daba crédito). A ver, sé que la cosa se afloja cuando lo tienes a mano. Que la gente en pareja (en general, no todas) hace ñacanaca poco. Es como tener una tarta de chocolate entera delante… pruebas un poco y después pasas, pero como estés a dieta, te comes hasta el Colacao a cucharadas. Es más, yo siempre os he contado que las solteras follamos comosinohubieraunmañana cuando se presenta la ocasión, porque ¡a saber cuándo repites! Que esto es como los trabajos: cuando estás en paro, nada. Y luego firmas un contrato, y te salen tres entrevistas en la misma tarde. Pues el follar, es igual.

Ay, que me desvío… Pues decía yo que puedo entender que la peña se aburra y no haga tanto la cucharita, pero joder ¿¿dos años?? Eso es de locos… no debe ser ni bueno…

En fin, que entonces me oí a mí misma hacer la gilipollez suprema que hacemos todos que es de dárnosla de psicólogos, perdón, de coaching como se dice ahora, y le solté una gilipollez también suprema:

– ¿Por qué no hacéis algo para recuperar el apetito? No sé, ropa sexy, pelis porno (yo me pongo súper cachonda), juguetes sexuales

La otra me miró como quien ve a un Gremlin en mitad de una fiesta de la espuma a las 3 de la mañana zampándose además un taco mex, y la conversación se diluyó rápidamente al ver pasar un tipo con una barba imposible:

– ¿Sabes que las barbas van a dejar de llevarse?

Así que pasado el shock postraumático, me ha dado por pensar algo… ¿por qué esperamos a hacer algo cuando el sexo muere? ¿Cuándo ya es imposible recuperarlo? ¿Por qué nos abandonamos, los dos? ¿Por qué la fantasía sexual, los juguetes, lubricantes, tríos, grabaciones caseras o los simples condones rarunos los dejamos cuando la pareja agoniza? ¿Por qué asociamos su uso a tu apocalipsis sexual?

Sí, señores. Eso hacemos. Por lo general, usamos los vibradores para nosotras solas y no solemos incorporarlos a nuestras prácticas en pareja. Nos da palo tirar de mesita de noche y decirle al tipo que nos acabamos de traer del bar “oye, usa esto, que así lubricamos mejor y solventamos el ciego que llevamos para echar un buen polvo a pesar de ir como cubas”. Esperamos demasiado para cambiar el chip y ponernos un gloss en los labios de esos que dan calor frío calor frío, como cuando entras en los probadores de Mango frío calor frío calor…

Nos da vergüenza bajar al Mercadona y trincar los preservativos Durex que tienen estrías y que dan más gustito o esos otros que atrasan el clímax de él y alargan el tuyo (a mis vecinos pongo por testigos que funcionan). O los sabores. Nos da “cosa”, insisto, decirle a un tío en el tercer polvo que pruebe el anillo vibrador por miedo a que parezcas una loca obsesionada por las “50 sombras de Grey” de los cojones… ¿Qué pasa? Porque a ellos, mira cómo les gusta que les chupemos los deditos, mira cómo intentan meterla por el culo a la primera de cambio, mira cómo les gustan los cachetazos, tirarnos del pelo, mirarse al espejo mientras haces el perrito o que te quedes con los tacones puestos mientras ellos te follan con calcetines. Pero, no. Nosotras parecemos las locas de los vibradores…

¡Así que ya está bien! Lo he dicho antes. Esperamos demasiado para divertirnos follando.

Y es una pena. Porque esta amiga mía y su chico se quieren, y mucho, pero esperaron demasiado a la hora de tomar la sartén por el rabo y ahora no tienen el coño pa farolillos. Y ya sabéis lo que pasa, si no se folla, es imposible que haya vida alguna. Y no me refiero a un bebé (que tampoco, a este paso), me refiero a ellos, que están a punto de morir como pareja por no follar a tiempo.

IRMANA

“Cerrado por vacaciones”… ¿seguro?

stupids10Antes cerrábamos por vacaciones. Antes decíamos adiós en las empresas y dejábamos de dar por culo… Eso era antes. Porque ahora están las redes sociales. Me lo he prometido: eso de no subir selfies a cada momento, fotos de mis piernasosalchichas en la playa, o peor, de mis pies. Fotos de morritos antes de salir a tomar una copa súper mona, foto del monitor del aeropuerto que indica adónde voy (como si no lo supiérais ya todos, pobres víctimas de mis RRSS), fotos de un atardecer espectacular, de un mojito, fotos con maromos… Sigue leyendo

10 cosas que las celosas deberíais saber

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1- Es un defecto, no una virtud. No alardees de ello. A menudo las celosas te dicen eso de: “Uyyy yo es que soy súper celosaaaa”, y lo dicen sonriendo y haciendo aspavientos con las manos como si fuera una gracia y no, al resto de los mortales no nos hace ni puta gracia, que no es lo mismo.

2- Todas las mujeres del universo NO quieren follarse a tu novio, que además, es más bien feo.

3- Si tu novio te va a poner los cuernos no tiene por ser en una despedida de soltero, en una cena de empresa o en el cumpleaños de su colega (sitios en los que tú no estás invitada). Lo hará delante de tus narices si hace falta.

4- Tus celos son tu problema, no el de los demás. Así que no tenemos por qué aguantar tus ataques epilépticos voluntarios. Te los callas y revientas

5- Tu novio tenía amigas antes de conocerte a ti y no, no se las follaba. Ah, y también tenía compañeras de trabajo, jefas, vecinas antes de que tú llegaras a su vida… Tampoco se las follaba bueno, sÍ, a una amiga sÍ, pero tú también te tirabas a tu primo hermano y eso es de ser más zorrón todavía. Sigue leyendo

Hasta el chichi estoy del consultorio…

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A ver tengo muchos amigos periodistas deportivos a los que les jode que cuando están de copas se les pregunte por el fútbol, suputamadrecristianoymessi, melapicaunpollosiSaraCarboneroestáembarazadaotravez, te dicen… Tengo amigos médicos que están hasta el mismísimo escroto de que se les llame para todo tipo de consultas, que si me tomo el antibiótico puedo beber alcohol (puedes tomarte todos los antibióticos a la vez a ver si te explota el estómago), que si llevo cinco meses sin la regla, tú crees que estaré embarazada (tienes 45 años, gilipollas, será la menopausia), que si me echo la pomada de las quemaduras en una hemorroides (también puedes sacar el culo por la ventanilla del coche en la M-30); tengo amigos informáticos que están hasta la arroba de limpiar de virus los ordenadores ajenos (coño, qué creéis que Avast, Norton, McAfee son nombres de naves rusas de la estación MIR!??)

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“Mi tullido prometido”, mi historia…

“Voy a quedarme aquí parada el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande”

circulopolarEs una frase la película “Los amantes de Círculo Polar”. Y sí, las casualidades existen, grandes y pequeñas, existen… como losflechazos. Y esto es lo que nos ha pedido una amiga de este blog que os contemos. Su historia. Suya y de nadie más. Cuyo final puede o no gustarnos, conmovernos, defraudarnos, pero que a ella la hizo sentir viva. Esperanzada.

Para llegar a la historia debéis saber que antes de esto la dejó su novio después de un año y medio juntos… por whatsapp. Después de perdonarle una infidelidad con su ex y de mantenerlo económicamente (ropa, matrículas de Facultad, coche, viajes, comida), después de vivir con él el tumor cerebral que aún lo acecha. Pero ella se repuso y se fue de despedida de soltera con cinco amigas a Ibiza.

No se imaginaba que el chico que iba vestido de Pamela Anderson, iba a removerle los cimientos de su vida. Sí, disfrazado. Sí, en otra despedida. Sí… el novio.

Y ocurrió. Ocurrió lo que siempre vio en las películas y nunca llegó a pasarle. Así, con aquellas pintas, con aquella peluca rubia… ella sintió un flechazo. Así, si más, sin anestesia ni nada.

Un tío nada espectacular, con cicatrices y una mano inmovilizada por un accidente. Él sintió algo parecido, se quedaron solos y le dijo, en su propia despedida, que llevaba mucho tiempo buscando alguien como ella. “Me gusta todo de ti, tu risa, tu sonrisa, tu forma de andar, tus chistes, tus locuras…”, eso le decía. Pero no quería hacer daño a su prometida. Y solo la abrazó. El corazón bombeaba con fuerza. El de ambos. Se escaparon unos besos en la mejilla, tal vez pasaron la frontera hacia el cuello, pero volvieron a sus vidas.

Después la buscó por las redes sociales y empezaron a hablar de lunes a viernes, de 8 a 15 horas, como en una jodida oficina. Apurando las horas como la colilla de un cigarro. Había que verse en persona, era necesario, ambos lo pensaban… él reculó un par de veces, temeroso, seguro, de remover lo que se quedó en Ibiza, en una isla a kilómetros de allí. Y cortó comunicación. Ahí acababa todo.

Pero una persona que no lo tiene claro, siempre vuelve y él lo hizo, recuperó su móvil, quería verla, quería tomarse un café y le ofreció media hora. Media mísera hora para la que ella se preparó como una loca: “ducha, secador y plancha de pelo, qué coño me pongo, quiero que me vea guapa”… y llegó a tiempo.

Fue raro. Él habló de cucarachas, de piscinas, de cosas banales… y ella sólo quería saber qué coño le dices a tu mujer cuando dos horas antes le sueltas a otra chica que son los mejores momentos los que pasas hablando con ella, que te aterra pensar en su risa y en las carcajadas, que ha sido un error verse porque sólo tienes ganas de abrazarla y besarla toda la noche. Que desde que llegó de Ibiza no para de discutir con su novia…

Dos horas de charla superficial o no tanto que acabaron con su agobio súbito, un sudor intenso que le recorría el rostro y un adiós precipitado. Y sí, otro abrazo. Largo. Intenso. De los que paran el tiempo. De diez minutos interminables. Y un beso. Otro y otro. Jura nuestra amiga que esos besos fueron reflejo del más claro amor que jamás había visto.

Y se marchó. Le dijo que se olvidaran y que iba a casarse. Que iba a borrarla de su vida.

Los amigos de ella le dicen que sólo quiere follársela. Pero ella no lo cree así. Porque podría haberlo hecho y sólo la abrazó y la besó hasta dejarla casi sin sentido.

Las amigas con las que fue a Ibiza piensan que no se casará y que volverá montado en un caballo blanco y un diamante de los que quitan el hipo.

Las otras amigas, las que no vivieron la situación en persona, creen que es real, sí, pero tan real como que él no va a tirar nada por la borda, que se acomodará a su vida tediosa y absurda con la mujer a la que no quiere.

Y nuestra amiga cree que vuelven los fantasmas de la mala suerte, vuelve el fastidio de que la historia más intensa, más fuerte que ha vivido, no salga bien. Pero al contrario que otras veces le queda esperanza, se niega a vivir sin ilusión.

Para ella los hombres buenos sí existen, no era mentira, lo que vivió fue real. Se queda con eso, con las casualidades, con el encuentro brutal en el que se enamoró de un chico disfrazado de Pamela Anderson, con esa mano inmovilizada, al que no conocía, se queda con la esperanza, por qué no, de que algún día él regrese. Es una forma de hablar, puede ser él, puede ser otro… pero hay que seguir viviendo. Hay que seguir esperando. Se queda con que efectivamente el amor súbito que te deja sin aliento, que quiebra los cimientos sobre los que pisas, que los flechazos sí existen.

En el fondo ella sabe que, como en “Los amantes del Círculo Polar”, va a quedarse aquí parada el tiempo que haga falta. Está esperando la casualidad de su vida, la más grande.

OTRA CHICA CHOPPEDPORK